Y que bonito fue mirar las estrellas de tu mano. Tú acostado en el cesped de aquel pequeño parque verjado, y yo, acostada con mi cabeza en tu pecho. Creyéndonos invencibles, sordos a todos los gritos de alrededor, acallando todos los "no"; más fuertes, tontos e ilusos que nosotros mismos. Soñamos despiertos, de si "parqué" o "alfombra" para esa futura casa, hablamos de lo mucho que habiamos hecho el uno por el otro y profesamos en susurros nuestros amor verdadero (que pena que siempre fuese en susurros, y que aquel momento no durase para siempre).
Esa no fue la primera vez que veiamos las estrellas.
Acabamos de empezar a ser pareja (aunque creo que aún no sabes el significado de esa palabra. O no la sabes conmigo) cogimos una botella, hielo, y vasos (como en todas nuestras primeras noches), y al final, aquella noche, terminamos en la playa. Era verano, tú te quitaste la camiseta (una de las pocas que me encantaban) y la pusiste en la arena, y yo, llevaba aquel vestido blanco (que no podré volver a ponerme sin pensar en aquella noche). Con el alcohol y el hielo en nuestros vasos, y las sonrisas en nuestros rostros, nos sentamos en la arena, al lado de una pequeña casa desalojada (y que algún día podría haber sido nuestra y de hacer aquel nuestro lugar). Empezamos a beber, a reír, a contar secretos y hablar con miradas. De fondo, las estrellas y el sonido de las olas chocando en la arena. Aquel momento siempre me será eterno.
Te quise, y te quiero, aunque estamos destinados a no ser.
Esa no fue la primera vez que veiamos las estrellas.
Acabamos de empezar a ser pareja (aunque creo que aún no sabes el significado de esa palabra. O no la sabes conmigo) cogimos una botella, hielo, y vasos (como en todas nuestras primeras noches), y al final, aquella noche, terminamos en la playa. Era verano, tú te quitaste la camiseta (una de las pocas que me encantaban) y la pusiste en la arena, y yo, llevaba aquel vestido blanco (que no podré volver a ponerme sin pensar en aquella noche). Con el alcohol y el hielo en nuestros vasos, y las sonrisas en nuestros rostros, nos sentamos en la arena, al lado de una pequeña casa desalojada (y que algún día podría haber sido nuestra y de hacer aquel nuestro lugar). Empezamos a beber, a reír, a contar secretos y hablar con miradas. De fondo, las estrellas y el sonido de las olas chocando en la arena. Aquel momento siempre me será eterno.
Te quise, y te quiero, aunque estamos destinados a no ser.
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